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jueves, 23 de agosto de 2012

Vientos de Esperanza

Soy un mundo caminando dentro del mundo, con la mochila llena de ansiedades, alegrías, dudas, incertidumbres, pasiones, amores, ilusiones y sobre todo misterio; siempre caminando con la vista en el horizonte, a veces lleno, a veces vacío y a veces neutro.

No me planteo que camino merezco, simplemente lo busco; mi mochila me guía tanto como me traiciona y cuando lo hace me obliga a valorar y elegir. 

Si me pierdo la abro y busco alimento dulce o agrio para mi conciencia y el camino a seguir. 

A veces sumergido en prados verdes, cielos azules y arroyos de cristal, con rumores de vida que dan sentido a mi fatiga. 

A veces por senderos oscuros de cielos grises que cobijan cuervos que roban los dulces de mi mochila.

Así camino, así me equilibro, así vivo, luchando por ahuyentar los cuervos, pintando de azul bondad los grises cielos y de verde esperanza mi camino.

Ayer mientras retozaba en aguas cristalinas llegaron sombras cargadas de oscuros rumores, silbidos de angustias desconocidas que apagan el alma. Pude ver como mis armas volaban secuestradas por cuervos ávidos de mi dulce alimento. 

De los oscuros cielos vientos helados trajeron el fénix del tormento y mi alma quedó atrapada en las garras de la depresión, sin dulce alimento, sin libertad, encarcelado sin conciencia, hundido en la fatalidad y rendido al destino.

Oscuridades desconocidas devoradoras de conciencias que te desarman y someten; es mi rendición la que alimenta a tan mísero elemento, refuerza mis barrotes y corroe mi conciencia; mis brazos caídos más fuerte la hacen. 

En la oscuridad y la miseria de mi celda apago mi vida y traiciono a mi destino, acariciando mi conciencia con la mano de la desdicha mientras la dejo morir. 

Una mañana tan cerca del ocaso quise verme antes de morir, y mirándome como nunca lo hice, pude descubrir que las llaves de mi cárcel estaban dentro de mí.

Atravesé mis entrañas y del dulce alimento comí, volvieron entonces las azules brisas de la esperanza, el sonido de mis arroyos y el verde de mi camino, venciendo al fénix de la depresión, al engaño de mi alma y así pude salir. 

Libre en mi camino sólo puedo decir : 
Cuan necio he sido, cuanta vida he regalado a la necedad, y cuanta vida tengo que recuperar por no creer en mí.


        Dedicado a una persona muy querida que lucha por volver al camino.



3 comentarios:

  1. Juan, soy Laura, acabo de leer el escrito y me ha gustado mucho. Al igual que tu hijo, tú también eres muy especial, y me agrada mucho que seas un amigo-hermano para mi padre. Muchas veces no hacen falta las barreras de la biología. Un beso muy fuerte.

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    Respuestas
    1. No existen barreras que el corazón no pueda tumbar ni luchas que no podamos ganar.
      Gracias Laura

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  2. Maravilloso todo lo que escribes

    Besos

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