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martes, 18 de septiembre de 2012

La Educación


La educación como tal no siempre fue un derecho fundamental y menos en épocas donde derechos había muy pocos y fundamentales ninguno.
Era la iglesia quién atesoraba y moldeaba el conocimiento para asentar y justificar la mística de su poder, dando lugar a una educación reservada para sus entregados diáconos y para los ricos que si podían pagarla.

Esta educación trajo consigo el despertar de muchas mentes que dejaron de pensar linealmente y empezaron a hacerlo de forma divergente, desarrollando distintos planteamientos sobre todas las cuestiones de la vida.

Todo esto dio lugar a finales del SXVII a la Ilustración; movimiento cultural que ya se planteaba como construir un mundo mejor; reflexionando sobre la tiranía, la ignorancia, la moral, la teología, la política…, Es decir “lo analizó, discutió y agitó todo”, en palabras de D`Alembert.
Su finalidad era la de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón y tuvo una gran influencia en los aspectos económicos, políticos y sociales de la época.

Pero el pobre seguía siendo pobre; además de inculto y mísero, que es como debía estar para mantener a los ricos y éstos a la iglesia.

Fue en el SXVIII donde se alcanzó un perfeccionamiento de los conocimientos racionales y de la ciencia, dando origen al nacimiento de la burguesía, que desembocó en revoluciones que cambiaron el panorama político y social; como la Estadounidense, la Francesa y la Industrial.
Y es entonces cuando surge la necesidad de cambiar al pobre, había que lavarle la cara y enseñarle a leer y escribir;  es decir, prepararlo para la nueva era pero siempre en su sitio.

Es en la segunda mitad del SXIX cuando se plantea la necesidad de que la educación llegue a todas las personas, pero no por que el desarrollo del pensamiento hubiere llegado a la conclusión, de que ya era hora de dejar de teorizar y de empezar a aplicar todo el pensamiento ilustrado, y con ello la igualdad de derechos y oportunidades; lo hicieron  por que la naciente revolución industrial requería una mano de obra con conocimientos.

Y fue así como se implantó el sistema educativo estatal, que aunque concebido  en la cultura de la ilustración, lo que intentaba era formar a los trabajadores para la nueva economía de la  época; no desarrollar el espíritu, los valores ni la cultura de nadie.

Y desde entonces hemos entrado en una sucesión de sistemas educativos siempre desarrollados para alimentar al sistema; basados en un pensamiento lineal donde sólo existen las respuestas que convienen para el fomento y mantenimiento del sistema de explotación establecido, delegando la educación de las virtudes y valores del ser humano al cajón del olvido, pues no da dinero sólo problemas.

Hoy en día seguimos planteándonos nuestro sistema educativo, pero dentro de los mismos parámetros, y aunque tenemos la posibilidad de educarnos altruistamente en el desarrollo de  los valores y el espíritu del ser humano, esto nos aparta de la sociedad, nos saca del sistema y nos convierte en vagabundos de la utopía, ya que en su imposibilidad de alcanzarla  te condena a estar siempre en el camino.

Ya es hora de que desarrollemos un sistema educativo para las personas, para el fomento de la espiritualidad y de las virtudes del ser humano, de las artes, de las humanidades, del conocimiento solidario, del amor a la naturaleza y nuestros semejantes… y cuyo fin sea el engrandecimiento del ser humano y la educación del alma.

Y conseguiremos un mundo mejor y no uno educado para la industria, donde siempre seremos materia prima inerte.




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