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domingo, 12 de mayo de 2013

El Cubo de la Política


No me atrae nada hablar de política, hacerlo me produce  fatiga espiritual y mental además de impotencia senil cuando desnudo la esperanza. No hay nada que atore más la mente que intentar dar solución al test psicotécnico que la justifica. La política se ha convertido en la quimioterapia que necesitas para vivir, mientras mata la parte sana que nos queda.

Estoy harto de izquierdas, de derechas, de centros y de esquinas, pues todos forman parte del mismo cubo hermético sin puertas ni ventanas lleno de las mismas ambiciones y mentiras.
Cubo donde cada uno intenta hacer valer su rincón, su extremo, su centro, o su esquina, como moscas que luchan por sus montones de podredumbre, para que no les quiten el pastel y así poder ponerse gordas y verdes.
Cubo sin puertas ni ventanas, donde lo que hay es lo que hay y sólo se te permite elegir donde arrimarte dentro de sus muros. Muros que encierran los límites de lo políticamente conocido y establecido, donde tienes que elegir el malo más guapo o la última tendencia pero dentro de lo marcado. Nos han grabado a fuego sus límites y nos han robado el pensamiento de que existe algo más allá; ni siquiera se nos ocurre soñar con abrir  ventanas que den paso a otras realidades, dando entrada a esos sueños que la premisa de la utopía no nos deja ver como posibles realidades que afiancen la existencia de otros caminos.
Hace tiempo que tiramos la toalla, hace tiempo que el cubo es nuestro universo y hemos aceptado el cerco como aceptamos la impotencia de comprender la palabra infinito, dando por hecho que algo más allá escapa a nuestra mente y que pensar en ello, sólo te lleva a tener que tomarte un par de analgésicos y no merece la pena el esfuerzo.

Estoy harto de los políticos que nos dicen lo que queremos escuchar mientras que con sus silencios te roban la cartera y la esperanza. Estoy harto de la oposición que se expresa como si viviera en tu casa y fuera tu hermano, cuando lo que busca es volver a subirse al púlpito del que cayó de una patada y desde donde te repudiará cuando suba como lo hizo quien gobierna. Estoy harto de los que se nombran damnificados y se auto otorgan el derecho a tirar piedras sin alternativas ni soluciones. Estoy harto de las dependencias y del fracaso colectivo de las independencias. Estoy harto de la violencia y la sumisión sin meta.

Estoy harto de la economía sumergida y de la emergida, de las primas de riesgo y de los riesgos de ser tan primos. De la bolsa y de los insaciables bolsillos, del derecho a votar quien te roba y del de abstenerte porque te da igual quien lo haga. Estoy harto de tantos derechos que sólo me recuerdan mi esclavitud y me niego a alinearme con ninguna posición que confirme mi rendición.

Hoy quería pero no puedo hablar de política, hoy me he permitido el lujo de soñar que el cubo es finito. Hoy quiero recrearme en mi sueño utópico. Hoy quiero escapar de la realidad con la tristeza de fondo de que en algún momento tendré que despertar y cuando lo haga, cuando vuelva a aceptar la realidad, ¡quizás, quizás!, tenga fuerzas para hablar de la izquierda, de la derecha, del centro o de las esquinas, con la esperanza de que alguien me recuerde que es mejor que no diga inútiles tonterías y que siga soñando y pintando ventanas.

Hoy sólo quiero soñar que tengo respuestas. Hoy sólo quiero soñar que nuestra esclavitud servirá en un futuro para que gobiernen nuestros sueños.





1 comentario:

  1. Gracias por compartir tu pensamiento, han sido unos lindos minutos de lectura y unas grandes horas de reflexión quedan por delante. Saludos

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