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martes, 7 de mayo de 2013

EL DESEO DE RECIBIR


Desde que el hombre es hombre y toma consciencia de sí mismo ha sentido el deseo de recibir, de poseer y de satisfacer su realidad física y corporal. Necesidad que aún hoy gobierna nuestras vidas y que ha propiciado el camino y el destino de la evolución de la humanidad.

La primera etapa de esta necesidad corporal no va más allá de lo físico, de aquello que el cuerpo necesita, del deseo de recibir sexo, familia y un techo donde cobijarse. En esta etapa se desarrollan los primeros pasos de la evolución que abarcó a las primeras generaciones de la humanidad.

En una segunda etapa donde el desarrollo de las sociedades, su organización y evolución hizo posible el afianzamiento de esta forma de vida, el infatigable deseo de recibir que avanza siempre un paso por delante del desarrollo de nuestra consciencia, seguía mordiendo con fuerza y ahora pedía  dinero, riquezas y estatus social que nos distinguieran de los demás.

En una tercera etapa que como las anteriores se van sumando y teniendo como objetivo la riqueza material y ante la incesante angustia por seguir recibiendo, no se desarrolla otro objetivo que recurrir al propio ego buscando algo más que la riqueza, dando lugar a la lucha por el honor y el poder. Convirtiéndose  ésta en la finalidad de la vida hasta prácticamente los finales de la edad media.

La cuarta etapa se origina a finales de la edad media y prácticamente con la llegada del Renacimiento. Nuestro afán por recibir por poseer y por descubrir nos lleva al siguiente paso, el nacimiento del conocimiento científico que trae consigo un espectacular cambio de la sociedad, de su calidad de vida y nuevas formas de manipulación y de poder sobre las personas, que llegan hasta nuestros días.
Una tremenda revolución social y económica que más que huir de la necesidad de la satisfacción propia corporal, basada en el egoísmo y el poder a pesar de la llegada del desarrollo del conocimiento, sirve por el contrario para afianzarse en ello, dando origen a una nueva meta para saciar la  ansiedad desmedida y egoísta de recibir más y más por encima del prójimo. En esta lucha por el ego y el poder personal, hemos vivido bajo la premisa de te doy uno para poder tener cuatro y seguir manteniendo el orgullo del poder y el sometimiento que dé satisfacción al ego, calmando la ansiedad de recibir más que nadie aún acosta de la vida y la moralidad.
Inevitablemente cualquier sistema con estas bases es perecedero y esta irremisiblemente abocado a entrar en crisis. Crisis que han ido derivando en cambios influenciados por los avances intelectuales y sociales de cada época, pero siempre con el mismo destino y el mismo trasfondo. Así hemos ido pasando de una crisis a otra (espiritual, cultural, económica, científica), pues siempre había ideales nuevos o tendencias que nos permitían lavar la cara y maquillar de nuevo. Pero ha llegado un momento en el que los físicos, los humanistas, los científicos, los filósofos o los sociólogos, se encuentran en un punto ciego en el que no saben cuál es el camino, pues han perdido el horizonte y ya sólo ven el vacío, siendo conscientes de que no hay camino que sane la incapacidad humana de ser feliz.
Esto me lleva a la conclusión de que el camino evolutivo de la necesidad de recibir del ser humano basado en el deseo corporal está llegando a su fin, pues no existe un nuevo escalón más allá de la propia destrucción. Este agotamiento del culto corporal y su evidente fracaso ha tocado techo, dejándonos como fruto de su desarrollo sumidos en la depresión, la desesperación y en una profunda apatía que nos ahoga el alma y que no sabemos entender. Ya no existe nada en el mundo que nos satisfaga plenamente y que no sea un engaño. Nuestro propio fracaso empieza a enfrentarnos con nosotros mismos preguntándonos cuál es el propósito del sufrimiento, de la vida y de su razón de ser, amén de la necesidad de entender las bases de la propia existencia.
Es por todo ello que pienso que el periodo evolutivo del culto al individualismo y sus ansias de recibir y recibir para someter y someter, ante la falta de la visión colectiva de los valores humanos ha llegado a su fin, pues si algún escalón le queda por subir no es otro que el de la propia destrucción.

Ha llegado la quinta etapa, es el momento de un nuevo periodo evolutivo, el de la “espiritualidad” y cuyo primer escalón no puede ser otro que el del abandono al culto corporal y al individualismo egocéntrico por encima del prójimo. Una etapa donde reine el conocimiento científico orientado hacia nuestra propia realidad espiritual que nos lleve a descubrir, todas las respuestas que hasta ahora se nos han negado por nuestra obsesión a mirar siempre hacia nuestra propia pared y donde por fin, demos respuestas a lo que verdaderamente nos ahoga, “de dónde venimos”, “que somos” y “hacia dónde vamos”.
No hay otra salida para esta sociedad decadente. Su etapa educativa llega a su fin y estamos ante el examen final en el que se verá, si hemos aprendido de todos nuestros males y obtenido el título que nos de paso a realizar el Master espiritual de nuestro destino, o por el contrario sólo nos queda seguir peleándonos en el patio del colegio hasta la destrucción para demostrar nuestra superioridad. Pero hay una cosa clara y es que ya no podremos continuar repitiendo curso, porque el colegio ya mismo se cierra y quien no haya aprobado solo le queda morir en el patio luchando por un egoísmo que culmine el engaño a sí mismo.

Seamos conscientes de esta nueva etapa y pongamos el corazón en ella, demostremos que la torpeza y el empacho de las miserias de la humanidad han servido para encontrar el camino y que estamos preparados.


1 comentario:

  1. ¡¡Muy interesante!!

    Ojalá los seres humanos despertemos nuestras conciencias antes de que sea tarde; y seamos plenamente conscientes de esa realidad descrita en tu magnífica reflexión

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