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domingo, 9 de marzo de 2014

LA VALLA DE LA VERGUENZA

Que suerte hemos tenido de no ser nadie a este lado de la valla y con ello sentirnos libres del compromiso. Que suerte tener nuestros bolsillos llenos de escusas vendiendo sentimientos y comprensión tan fáciles como gratis. Palabras bien dichas que justifican nuestro escondrijo y desde donde plácidamente aportamos solidaridad, ingeriendo galletas de moralidad que siempre andan perdidas; pero escondidos, sin compromiso y asustados ante la posibilidad de que en algún momento alguien te pida más, ansioso porque pronto pase la noticia y con ello la sensación de malestar y así recuperar la legitimidad para mirar hacia otro lado, sin que nos duela tanto nuestro propio egoísmo, nuestra manifiesta ignominia y nuestra cobardía. 

Todos somos buenos mientras los problemas no lleguen a nuestra puerta, y vemos la valla tan lejos que no cuesta nada sentirnos horrorizados ante los demás y un poco hacia dentro para calmar nuestra conciencia, pero con la grata sensación de que no somos nadie para hacer algo a este lado de la valla. Luego en la intimidad de tu egoísmo piensas que la injusticia y la desgracia pueden algún día llamar a tu puerta, y en la cobardía de tus silencios apruebas y refuerzas las esperanzas de que la valla sea cada día más grande, más espinosa y más lejana, pues en el fondo la mayoría solo estamos dispuestos a dar solidaridad pero no compromiso. 

¡Eso faltaba, con la de problemas que yo tengo…! 

Al otro lado entre sueños de dignidad ahogados por el frio, el hambre y la penuria, caminan nuestras vergüenzas sostenidas por pies desnudos y cuerpos fustigados por los renglones torcidos de Dios. Seres humanos creados por inhumanos seres para su propio bienestar y a los que lejos de respetar e integrar, se les arroja un poco de pan por encima de la valla mientras dure la noticia, acallando conciencias mientras vuelven a llover las piedras. 

Mares de sueños que atraviesan un continente de yermos parajes, donde cada día el hambre muerde las esperanzas y la sed destruye la justicia, pero siempre empujados por vientos de dignidad que inmunizan sangrantes heridas en una lucha por no seguir torcidos, en busca de la herencia que les debe Dios. 

Es muy fácil escribir esto desde este lado de la valla, en mi parapeto, con el estómago lleno de galletas de la solidaridad, pero algo tenia que decir aunque fuere desde dentro de mi frio y falso parapeto, con la moralidad escondida hasta que pase la noticia y pensando que si Dios escribió renglones torcidos, sin duda la mayoría somos un borrón en sus notas por no hacer nada ante las injusticias de este mundo, con la aquiescencia del yo más egoísta y más oculto.








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